Liberados del Yugo Digital 1

Como saben, durante todo el mes estamos con la convocatoria "Libérate del Yugo Digital", donde podrás desconectarte de todo y vivir un día completamente análogo. Hoy les presentamos el primer testimonio de esta experiencia, un día completo de desconexión!

La Chancha

Por Carol Schmeisser y Pierre de Baeremaecker. Hace rato queríamos hacer una pausa. Estudiamos una carrera muy demandante, y el derecho a una escapada nos guiñaba el ojo. La convocatoria de Lomo Chile fue la excusa perfecta. Primero pensamos en salir de Santiago. Quizás, aprovechar los últimos días de calor que van quedando y escaparnos a la playa. Pero decidimos que no: aprovecharíamos las bondades de la capital; esas que, a ratos, parece ofrecer sólo a los turistas y que nosotros pasamos por alto o damos por sentadas. Después de un contundente desayuno, nos dirigimos a la embajada Lomo a retirar las que serían las encargadas de registrar la aventura: una Colorsplash y una FishEye 2. Nos hicimos con las cámaras, un par de rollos y partimos a recorrer el mundo; Nueva York, París y Londres (en realidad, anduvimos por esas calles santiaguinas; pero tienen tanto “qué se yo”, que parecía como si de verdad hubiéramos despegado del país, de la ciudad de cemento y arquitectura obvia). Nos sentíamos turistas; con las cámaras en mano y registrando lo bello, lo simple; eso que vemos todos los días pero que, visto a través de otro lente, se transforma en algo sorprendente. Los hostales, los adoquines, las fuentes, los faroles, las plazuelas y las estatuas ya no eran parte del recorrido, sino nuestro objetivo. Dejamos las callecitas pseudoeuropeas para embarcarnos literalmente) en otra aventura. El destino, esta vez, fue Piedra Roja. Tomamos la Nororiente y enfilamos hacia la laguna de Chicureo. Almorzamos en la orilla y, tras vestirnos para la ocasión, arrendamos un kayak doble y zarpamos. La laguna era nuestra: imaginábamos a nuestros amigos en clases o en el trabajo y nosotros, cual vacacioneros, remando y persiguiendo bandadas de patos. El sol, ya peligrosamente abajo, era el único indicador que teníamos de que nuestro lomo-día estaba cerca de terminar; ninguno de los dos llevaba reloj y nuestro celulares yacían inertes de vuelta en la embajada. Emprendimos la retirada, coreando canciones de autopista. La sensación de satisfacción y escape se nos notaba a la legua. Y, lo mejor, es que podremos revivirla cuando volvamos a mirar la evidencia (¡análoga!) de nuestra “chancha”. Cerramos el día haciendo un recuento en una tetería. Y nos queda la grata certeza de que, de querer compartir nuestra experiencia, no recurriremos a ningún intermediario digital; con foto en mano reviviremos la aventura. Si quieres participar en esta convocatoria, solo debes ingresar acá y seguir las indicaciones! LOMO ON! Publicado el 13/04/2011

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